Cuidarse como forma de vivir


¿Por qué debemos tener un estilo de vida y no obligarnos a seguir ciegamente determinadas reglas?

Porque si quieres algo para toda la vida, no puedes andar por la misma haciendo lo que sea que hagas sin saber los por qué de lo que realizas, ya que el hecho de conocer y entender la fundamentación de algo te liberará de la esclavitud de las reglas, para abrir tus conocimientos al saber.  

Es así que haciendo referencia al dicho, sostenemos que “el saber nos hace libres”. ¿Libres de qué? Libres de elegir, de optar, de entender y de ser conscientes de cada decisión.

Se debe tener cuidado en la manera de interpretar el hecho de cuidarse, ya que si lo realizas como pena para cada vez que haces algo que “no es saludable”, como comer pizza o beber, definitivamente no vas a disfrutarlo porque vas a estar relacionando lo saludable con el castigo y te vas a sentir permanentemente en penitencia.


Y no puedes vivir constantemente sin disfrutar ¿cierto?

Es por esto que queremos hacerte ver que se torna importante que visualices, una vez que lo pruebes en carne propia, los beneficios de este estilo de vida, siendo consciente de cómo vas sintiendo que tu estado físico mejora, tu energía, tu humor y el cómo te ves, entre otras cosas. Es fundamental animarse a probar los hábitos que sabemos que son buenos para nuestro organismo, para que realmente puedas sentir y escuchar a tu cuerpo notando su mejoría.

Tomaremos como ejemplo el entrenar. Hay personas que se sienten a gusto y otras que no, sin embargo, es inevitable sentir el bienestar luego de una sesión de ejercicio, teniendo en cuenta el cambio de humor, de energía, la baja de estrés y ni hablar de esa sensación de realización, de orgullo de poder haber hecho ese ejercicio del día. Y si lo mantenemos en el tiempo, los cambios tanto saludables como estéticos son increíbles ¿verdad?.


Entonces, ¿por qué no centrarnos en los efectos que podemos provocar con nuestras acciones?

Supongamos que haces un giro de 180° y te concentras en lo que sientes luego de, por ejemplo, comerte una hamburguesa gigante con pan, papas fritas, gaseosa y de postre un helado. Puede ser que mientras la comas y lo que dure la comida, lo disfrutes, sin embargo ¿cómo te sientes después? Seguramente tendrás hinchazón, acidez, poca energía, malestar general y ni hablar de, si repetimos esto constantemente, cómo tu cuerpo lo empieza a notar de diferentes maneras, como ser en la piel, en la acumulación de grasa corporal, en el desarrollo de algunas patologías como, en casos tal vez un poco más extremos, la diabetes u en otros de menor grado, con el colesterol alto, resistencia a la insulina, desarreglos hormonales, etc.  Ligado a esto, también te acompañará el sentimiento de culpabilidad por no gozar de una buena salud y/o de no verte como quisieras.

Entonces, si colocamos en una balanza estos efectos y qué nos hace sentir mejor de verdad, ¿no parece que gana por mucho el primer caso?

Es que es así, aunque no lo creas, tienes el control de tu vida, tanto para hacer el bien como para hacer el mal. Las excusas de no tener tiempo, de la vida social constante, etc. , no te ayudarán.


¿Qué es más importante que tú mismo?

El tiempo que no dedicas hoy a cuidarte, va a multiplicarse cuando debas hacerlo por obligación y diagnóstico médico. Suena exagerado, pero no lo es. Todo lo que hacemos, tiene su consecuencia, ya sea al instante o al tiempo, por lo que debemos pensar antes de elegir qué es lo que queremos para nosotros y el por qué. Entendemos que hay mensajes que trasmiten que el placer está en, por ejemplo, tomar cerveza con amigos, pero ¿no lo está también en juntarse a jugar al fútbol? Debemos decodificar los mensajes y no dejar que nos influyan negativamente. No debes dejar que te vendan lo que a otros les conviene, ya que, como venimos diciendo, el saber te hará libre de elegir, y siempre puedes elegir, sólo debes ser consciente de ello, guiándote por la verdad en los efectos.


Eres el autor de tu propia vida, tú decides como vivirla.

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